Mucho se ha comentado sobre la presencia de modelos casi
perfectas en las portadas de las revistas o como imagen de las diferentes
marcas de los productos que promocionan. Se ha discutido sobre si éstas
deberían de ser así, o si lo mejor sería presentar a las personas tal cual son,
sin photoshop, sin retoques, con los defectos que tuvieran. Sin embargo, a
pesar de tener el deseo de ver a las personas tal como son, en lo más profundo
de nuestro ser, siempre estaremos buscando la “estética” y preferiremos a aquellas
personas o artículos que nos parezcan “bellos” o “armónicos”. Por lo tanto, el
uso de este tipo de recursos obedece primeramente a la preferencia de nosotros mismos
como seres humanos hacia la belleza, que a los intereses de la mercadotecnia.
Según Juan Acha, reconocido teórico de las artes plásticas,
los sentimientos estéticos son productos humanos derivados de la capacidad o
facultad humana de sentir, tener la sensibilidad o gusto por lo estético. La
estética estudia las teorías de la belleza, y la belleza es aquello que está
acorde con estos principios estéticos. En resumidas cuentas, cada uno de
nosotros consideramos estético o bello aquello que nos hace reaccionar con
sentimientos de placer ante su exposición.
Según Sandra Rosete, asesora de imagen, la importancia de
que cualquier persona o candidato político cuide su imagen externa, radica en
que si lo que desea es atraer a un gran número de personas, debe poner especial
atención a estos aspectos para no ser rechazado en una primera instancia. Si la
persona que está tratando de atraer no encuentra en él o en ella, placer o aceptación
a la vista, compartir sus ideas o convencer a las personas de que apoyen sus
puntos de vista, será un tanto difícil de lograr, pues no se habrá conseguido
abrir la primera “puerta” hacia la aceptación.
Se dice que la primera impresión es la más importante y esto incluye,
por supuesto, el aspecto de las personas. Aceptaremos más fácilmente a una
persona que se encuentre limpia y peinada a una que tenga manchas de café en la
ropa, o que en su pelo podamos ver rastros de grasa, aunque el ejemplo parezca
extremo. Los primeros segundos del encuentro con algún candidato o imagen de marca,
son fundamentales para un posterior acercamiento.
Desgraciadamente, la imagen de una persona o de una marca y
lo que proyecta con ella, nos puede abrir o cerrar puertas hacia lo
verdaderamente valioso que las personas o las marcas tienen que ofrecer:
conocimiento, capacidad, liderazgo o la solución a nuestros problemas. Aunque a
veces nos pueda resultar poco profesional no mostrar a una persona tal cual es,
analizando más a detalle las causas de que hoy en día se otorgue una gran
importancia a la imagen, nos encontraremos con que cada uno de nosotros tiene
algo que ver en esto. Es por ello que cada día surgen más empresas dedicadas a
la asesoría en imagen y más personas preocupadas por proyectar lo mejor de sí
mismas. Saltar el paso de una aceptación inicial para poder mostrar lo que
tiene que ofrecer como empresa o persona hacia los demás, es un punto que se
tiene que solventar de la mejor manera.
Antes de hacer una rápida satanización de las imágenes “bellas”
o arregladas que nos rodean, preguntémonos cómo reaccionaríamos ante otro tipo
de imágenes más “reales”, nos daremos cuenta que lejos de ser víctimas, somos
partícipes de su uso.